martes, 30 de noviembre de 2010

PRIMERA CONFERENCIA: El caso de Ana O.


En esta  primer conferencia Freud habla sobre el caso de una paciente del Dr. Breuer, una  joven muchacha  enferma de tan solo veintiún años y de excelentes dotes intelectuales desarrolló durante dos años una serie de perturbaciones corporales y anímicas: “sufrió una parálisis con rigidez de las dos extremidades del lado derecho, que permanecían insensibles, y a veces esta misma afección en los miembros del lado izquierdo; perturbaciones en los movimientos oculares y múltiples deficiencias en la visión, dificultades para sostener la cabeza, asco frente a los alimentos y en una ocasión, durante varias semanas, incapacidad para beber no obstante una sed martirizadora; además, disminución de la capacidad de hablar, al punto de no poder expresarse o no comprender su lengua materna, y, por último, estados de ausencia, confusión, deliria, alteración de su personalidad toda, a los cuales consagraremos luego nuestra atención."
Luego de describir estos síntomas, Freud reflexiona sobre las posibles causales médicas del mal, habiendo resultado negativo todo examen físico de la paciente. Al encontrarse ausente cualquier signo de enfermedad orgánica, en la época se denominaba al cuadro como "histeria". Freud relata en esta primera conferencia como la actitud común del médico en aquellos años al encontrarse frente a un caso de histeria, era la de abandonar todo intento de tratamiento y dejar los síntomas librados a su propia y eventual evolución. Se cuenta a continuación como el Doctor Breuer no hace esto, y se interesa profundamente por la joven, aunque en un principio no tiene idea de como ayudarla.
Vale aclarar aquí, que esta joven se encontraba profundamente apenada por una cruenta enfermedad que estaba atravesando su querido padre, quien moriría a causa de esta. Mientras tanto, esta paciente estaba cuidando de su progenitor, situación que le acarreaba una profunda angustia.
El Doctor Breuer había notado que en sus estados de ausencia, la joven murmuraba unas palabras sobre las cuales Breuer enfocó su atención. Se le ocurrió en una oportunidad colocar a la paciente en una suerte de hipnosis y repetirle estas palabras a la joven, la cual las devolvía. Se trataban de fantasías tristísimas relativas a la enfermedad de su padre. Se notó que luego de estas sesiones, los síntomas antes mencionados desaparecían de la paciente por un tiempo, tras el cual se debía repetir este procedimiento para que los síntomas abandonaran nuevamente a la joven durante un periodo de horas. La joven, quien a esas alturas curiosamente comprendía solamente el inglés (que no consistía en su lengua materna) llamó a estos procedimientos "talking cure" (cura de conversación) y en ocasiones se refería a ellos en forma de broma como "chimney sweeping" (limpieza de chimenea)
Claro que esto no resolvía el problema, pues los síntomas recurrían nuevamente a perturbar a la paciente.
Se descubrió entonces, casi por azar, algo sorprendente que revolucionaria para siempre el tratamiento de estas afecciones. La cosa fue como se cuenta a continuación:
Durante el verano, hubo un periodo de intenso calor durante el cual, la joven, sin razón aparente, se encontraba imposibilitada de beber ningún líquido. Cuando tomaba un vaso y lo acercaba a sus labios caía en estado de ausencia y lo arrojaba lejos de sí. Durante la presencia de estos síntomas, que fue de varias semanas, la joven se hidrataba exclusivamente a base de melones y demás frutas, siéndole totalmente imposible tomar agua o ninguna otra bebida. Aproximadamente a las seis semanas de sufrir este nuevo síntoma, la joven se puso a reflexionar en ese estado de hipnosis, sobre un episodio que le había provocado una severa repugnancia. Resulta que su dama de compañía, una señora inglesa, tenía un perro, al cual en una ocasión, le había dado de beber de su vaso. Esto causó una fuerte impresión de asco en la paciente de Breuer, que sin embargo no había relacionado de forma consciente al síntoma de no poder beber con este episodio del perro. Al despertar de la hipnosis la joven pidió beber, y lo hizo abundantemente, no siendo aquejada nunca más por esta imposibilidad de beber.
Así, Freud relata cómo Breuer descubrió que, si en ese estado hipnótico, no solo se hablaba del síntoma, sino que también se llegaba al episodio raíz en que este se había generado, el mismo desaparecía, ya no por unas horas, sino que para siempre.
Luego, el medico vienés nos cuenta sobre otra experiencia con la paciente, en donde se logró remitir completamente la parálisis de su brazo. Sigamos entonces las palabras del mismo Freud a este respecto:
"...Así, Breuer refiere que las perturbaciones en la visión de la enferma se reconducían a ocasiones «de este tipo: la paciente estaba sentada, con lágrimas en los ojos, junto al lecho de enfermo de su padre, cuando este le preguntó de pronto qué hora era; ella no veía claro, hizo un esfuerzo, acercó el reloj a sus ojos y entonces la esfera se le apareció muy grande; o bien se esforzó por sofocar las lágrimas para que el padre no las viera». Por otra parte, todas las impresiones patógenas venían de la época en que participó en el cuidado de su padre enfermo. «Cierta vez hacía vigilancia nocturna con gran angustia por el enfermo, que padecía alta fiebre, y en estado de tensión porque se esperaba a un cirujano de Viena que practicaría la operación. La madre se había alejado por un rato, y Anna estaba sentada junto al lecho del enfermo, con el brazo derecho sobre el respaldo de la silla. Cayó en un estado de sueño despierto y vio cómo desde la pared una serpiente negra se acercaba al enfermo para morderlo. (Es muy probable que en el prado que se extendía detrás de la casa aparecieran de hecho algunas serpientes y ya antes hubieran provocado terror a la muchacha, proporcionando ahora el material de la alucinación.) Quiso espantar al animal pero estaba como paralizada; el brazo derecho, pendiente sobre el respaldo, se le había «dormido», volviéndosele anestésico y parético, y cuando lo observó los dedos se mudaron en pequeñas serpientes rematadas en calaveras (las uñas). Probablemente hizo intentos por ahuyentar a la serpiente con la mano derecha paralizada, y por esa vía su anestesia y parálisis entró en asociación con la alucinación de la serpiente. Cuando ésta desapareció, quiso en su angustia rezar, pero se le denegó toda lengua, no pudo hablar en ninguna, hasta que por fin dio con un verso infantil en inglés y entonces pudo seguir pensando y orar en esa lengua». Al recordar esta escena en la hipnosis, quedó eliminada también la parálisis rígida del brazo derecho, que persistía desde el comienzo de la enfermedad, llegando así a su fin el tratamiento..."

A través de este artículo, fuimos transitando por el relato y las reflexiones de Freud acerca de la valiosísima experiencia del doctor Breuer. Freud después de contar estos episodios de la paciente de Breuer, relata escuetamente uno propio y reflexiona luego sobre dos puntos fundamentales que surgen como conclusión de estas experiencias.
En primer lugar, resulta evidente que la paciente de Breuer debió sofocar las acciones o exteriorizaciones afectivas intensísimas correspondientes determinadas situaciones. En el caso del perro de su dama de compañía, debió disimular su asco por respeto a esta, y en el caso de la enfermedad de su padre, debió cuidarse muy bien en sus acciones para que su padre no notara los nefastos sentimientos que ella estaba atravesando. Al reproducir esas ocasiones ante el médico en estado de hipnosis, pero esta vez si con la exteriorización del afecto contenido antes, se lograba tramitar de un modo efectivo la curación de la raíz del síntoma. Es notable, que la reevocación de situaciones ante el médico no tenía ningún efecto terapéutico si no estaba acompañada de la exteriorización de las emociones reprimidas. Se está diciendo que, es decisivo para la adquisición de la enfermedad el hecho de que las emociones desarrolladas en las situaciones patógenas hallaron bloqueada una salida normal, por lo cual quedaron siendo una constante fuente de excitación anímica, al tiempo que se vieron exagerados y encontraron otra vía de exteriorización que consistía en los síntomas físicos generados. En esa época se denominó a este fenómeno "conversión histérica".

En segundo lugar, se reflexiona sobre el hecho de que en una misma persona, pueden coexistir diferentes agrupaciones anímicas, siendo bastante independientes unas de las otras, e ir atrayendo a la conciencia cada una de ellas separadamente, sin que cada una "sepa" de las demás. Esto se concluye de que, por ejemplo en el caso de la paciente de Breuer, ella en estado normal no sabía nada sobre sus síntomas cuando caía en estado de ausencia o delirios, y solo bajo hipnosis y con un gran esfuerzo del terapeuta se lograba atraer a la memoria aquellas situaciones.

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